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El
Terror de los casinos, conteo de cartas en blackjack
Un grupo de
estudiantes de MIT aprendió a ganar millones con el juego
del Blackjack sin hacer trampa. Sus aventuras inspiraron la película
‘21'.
Ganar en el
juego de Blackjack, también conocido como “21?, es
cuestión de estrategia y de memoria. Eso lo descubrió
en 1960 Edward Thorp, profesor del Massachusetts
Institute of Technology (MIT), cuando se dio cuenta de que ese es
el único juego de cartas en el cual se puede tener una ventaja
sobre ‘la casa’. A partir de la técnica llamada
el conteo de cartas (card counting), el jugador puede descubrir
en qué momento la baraja se vuelve favorable para él.
Y fue precisamente gracias a ese descubrimiento que durante la década
de los 90 el equipo de Blackjack de MIT logró hacer millonarias
ganancias con el Blackjack en los más prestigiosos casinos
de Las Vegas, el Caribe y Europa.
La técnica
es legal, pues el jugador usa sólo la información
que está disponible sobre la mesa, pero los casinos no suelen
ser tolerantes ante las personas que lo usan para ganar. Por eso,
el equipo de MIT se convirtió en todo un mito en el circuito
de las apuestas, al punto de que su historia sirvió de inspiración
para el libro Bringing down the house: The inside story of six MIT
students who took Vegas for millions (Vencer a
la casa: La historia de seis estudiantes de MIT que le quitaron
millones a Las Vegas), escrito por Ben Mezrich en 2002. Esta obra
se convirtió en best seller y luego fue la base para la película
21, protagonizada por Kevin Spacey, que será estrenada en
Colombia el 6 de junio.
“Lo
manejábamos estrictamente como un negocio”,
contó a SEMANA Michael Aponte, también conocido como
MIT Mike, uno de los jugadores más importantes del equipo.
“Logramos ganar hasta 500.000 dólares en un fin de
semana, y en total, desde 1994 a 2000, que fue nuestra mejor época,
hicimos como 10 millones”.
Tenían
entre 10 y 25 miembros que viajaban los fines de semana y en las
vacaciones a clubes de apuestas con cientos de miles de dólares
para jugar. “Teníamos que cargar el dinero pegado con
velcro o con cinta debajo de la ropa, pues no era usual que jóvenes
universitarios viajaran con esas sumas. Si nos descubrían,
podían pensar que estábamos involucrados con narcotráfico
y lavado de activos”, recuerda Mike entre risas. La manera
como trabajaba el equipo era perfectamente coordinada. Para evitar
que los encargados de seguridad de los casinos los descubrieran,
tenían una estricta división de funciones y sólo
se comunicaban por medio de señales y palabras claves, pues
dentro del club tenían que aparentar que no se conocían.
Cada uno tenía
un rol y en varias ocasiones usaban disfraces, nombres e identificaciones
falsas. Unos cuantos se paraban alrededor de las mesas, actuaban
como simples espectadores y empezaban a contar la baraja. Otros
se sentaban a apostar sumas bajas y constantes. En cuanto el conteo
empezaba a ser favorable, es decir, habían salido varias
cartas de menor valor, hacían una señal al ‘Big
Player’ (gran jugador). Por medio de palabras clave
le decían en cuánto iba la cuenta y este apostaba
grandes cantidades de dinero. Casi siempre actuaba como un joven
heredero millonario que simplemente tenía una noche de suerte.
Apenas la baraja comenzaba a enfriarse de nuevo, el Big Player se
iba a otra mesa que sus compañeros le indicaban.
Para poder
ser miembro del equipo se necesitaba, además de buenas habilidades
matemáticas, unos nervios de acero para evitar levantar sospechas
de los repartidores de cartas. Además, era clave actuar normalmente
y conversar con las demás personas en la mesa, para que no
se notara que estaban pendientes de la baraja.
El grupo se
había formado desde 1979 gracias a una clase electiva acerca
de juegos de azar. Con el tiempo se fue convirtiendo en un equipo
que hacía viajes de campo para experimentar lo que habían
aprendido en MIT. Entre los ‘Big Players’
reclutados por Mike estaba Jeff Ma, quien años más
tarde conoció al escritor Mezrich en una fiesta y le contó
sus experiencias. “Yo siempre les digo a las personas que
la historia del libro es aproximadamente un 75 por ciento cierta.
Ben se tomó algunas libertades. Pero, en general, el espíritu
es completamente acertado”, dijo Ma al periódico de
MIT The Tech. Él y otros antiguos miembros del equipo participaron
como extras en la cinta.
Según
otros miembros del equipo, escenas en bares de striptease, el casino
ilegal de Chinatown en el que supuestamente entrenaban y la paliza
que le propina un agente de seguridad al protagonista, fueron creados
por el escritor. Pero, aun así, más de uno fue llevado
a los cuartos traseros de los clubes de apuestas y cuestionado por
los administradores. A la mayoría le prohibieron el ingreso
a varios de estos establecimientos y por eso tuvieron que dejar
de apostar. Su fama los precedía y sus fotos ya estaban colgadas
en todos los cuartos de vigilancia. MIT Mike asegura que todo siempre
fue muy civilizado y jamás hubo golpes, pero sí fue
escoltado varias veces a la puerta de los clubes, en donde le ordenaban
que no fuera a volver y le quitaban sus fichas.
Para varios
de ellos las millonarias ganancias, que eran repartidas equitativamente
entre todos los miembros de MIT Blackjack Team,
fueron la base a partir de la cual construyeron sus empresas. Mike
Aponte y su socio Dave Irvine fundaron hace varios años el
Blackjack Institute, en donde enseñan las técnicas
para contar cartas. Además, el canal HBO ya está produciendo
una serie basada en sus aventuras universitarias. “Desde cuando
estaba en MIT dedicaba todo mi tiempo y mi esfuerzo al Blackjack,
y aún ahora es mi profesión. Fue lo mejor que me quedó
de mis estudios”, aseguró Mike a esta publicación.
Él y su amigo Dave van a tener mucho trabajo durante los
próximos meses, ya que gracias a la película, les
llegó una gran oleada de discípulos que quieren aprender
a contar, para así convertirse en la nueva amenaza de los
casinos.
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